El casco antiguo de Eivissa es conocido como «Dalt Vila» (la ciudad alta, traducido del ibicenco). Esta ciudad queda encuadrada en las imponentes murallas que fueron declaradas Patrimonio de la humanidad por la UNESCO en 1999.
Eivissa capital dispuso de murallas desde la más remota antigüedad. La actual fortaleza, sin embargo, se construyó en tiempos del renacimiento, por orden de la Corona española, según diseño del ingeniero italiano Giovanni Batista Calvi.
La fortaleza rodea todo el Puig de Vila, la zona más elevada de la capital pitiusa y se extiende por una superficie de 10 hectáreas, con un perímetro de 1.800 metros. Cada uno de sus siete baluartes fue planificado al detalle, para dotarlo de suficientes ángulos de tiro que garantizasen su defensa.
Las murallas renacentistas poseen cinco entradas, pero la principal y más espectacular es la que ocupa el antiguo puente levadizo del Portal de ses Taules, frente al barrio de La Marina. Al final de la rampa de ascenso aguardan dos estatuas romanas, una a cada lado, réplica de dos originales de mármol que se custodian en el Museo Arqueológico de Dalt Vila. Y en lo alto, el escudo de la Corona. Las palabras que lo acompañan, latinas, dicen: “Siendo Rey Felipe, católico e invictísimo de las Españas y las Indias orientales y occidentales, fueron construidas las murallas en beneficio de esta isla. SCMR gobernador y capitán general, noble D. Fernando Sanoguera. Año 1.585”.
Tras la entrada aguarda la plaza de armas, el popular “Rastrillo”, con sus arcos de medio punto en el soportal del lateral. También alberga un balcón renacentista. Desde aquí se puede iniciar un paseo de baluarte en baluarte, siguiendo la estela del adarve de las murallas, que se abren a toda la ciudad y al mar. Se puede comenzar por el baluarte de Santa Llúcia, a cuyos pies se sitúa el barrio de Sa Penya. Alberga el antiguo polvorín, construido en el siglo XVIII.
Desde Santa Llúcia se desciende por Ronda Narcís Puget Viñas, junto a las almenas y por encima del Portal de ses Taules. Así se llega al baluarte de Sant Joan, sobre la Marina. Este baluarte fue readaptado en los años 60 del siglo XX para construir el único acceso para vehículos que existe en la fortaleza y que sólo flanquean los residentes en el barrio y el transporte público.
Siguiendo la corona de la muralla, se sobrevuela la Plaça del Parc hasta desembocar en la Plaça del Sol, antesala del baluarte de Sant Pere, también conocido como de Es Portal Nou. Es Portal Nou es la segunda entrada peatonal al recinto y, a través de un túnel, desemboca en el parque Reina Sofía. Está protegido por un llamativo orejón circular y sobre él se ubica el Cavaller de Sant Lluc, una estructura destinada a la artillería.
El siguiente baluarte es el de Sant Jaume, con su centro de interpretación armamentístico y los restos de la vieja muralla musulmana de tiempos medievales, que se alinean hasta casi el siguiente baluarte, el de Sant Jordi, en lo alto, que ya coincide con el Castillo.
Entre el Castillo y la Catedral hay un callejón estrecho que conduce a la Plaça de la Catedral. Desde ahí se puede enfilar al Carrer Major hasta girar por el primero a la derecha y cruzar el arco de Sa Portella, último acceso que queda de la antigua muralla medieval, anterior a ésta. Desde ahí se desciende a la Plaça d’Espanya, junto al Ayuntamiento, donde también se sitúa el Revellín, un semibaluarte bajo el que pasa el último túnel peatonal del recinto. También conduce a la zona de Es Soto Fosc y fue construido durante la Guerra Civil Española, en los años treinta del siglo XX. Desde ahí, tras contemplar en el mirador de la Plaça d’Espanya la tumba de Guillem de Montgrí, arzobispo de Tarragona que promovió la reconquista de Ibiza en el siglo XIII, y las extraordinarias vistas de la salida del puerto, volvemos al baluarte de Santa Llúcia, donde se inició el paseo.
El espacio que ocupa el Castillo de Dalt Vila acogió la sede del Gobierno de la isla prácticamente a lo largo de toda su historia. En su interior se encontraba la Casa del Gobernador, donde residían los responsables militares de cada época. Púnicos y romanos hicieron de este espacio su acrópolis y los árabes establecieron en él la Almudaina (residencia gubernativa) y el Castillo (cuartel militar).
Los edificios que hoy pueden contemplarse son originales de los siglos XVI y XVIII, aunque fueron edificados sobre las instalaciones musulmanas. El conjunto está formado por el Castillo, la Torre del Homenaje y la Casa del Gobernador, que hasta el año 1973 fueron utilizados por el ejército. A partir de entonces, pasaron a ser de propiedad municipal y en la actualidad se encuentran en proceso de restauración para su conversión en Parador de Turismo, hecho que impide su visita.
La entrada principal se sitúa junto a la Catedral, precedida por una llamativa escalera contemporánea, obra del arquitecto Elías Torres. La mejor perspectiva del conjunto, sin embargo, se disfruta desde los baluartes de Sant Bernat y Sant Jordi, situados tras la Catedral.









